Macedonio Villafán Broncano
A primera vista podría parecer que esta novela corta ASALTO EN EL CIELO reitera este esquema causal sencillo; sin embargo muy pronto nos damos cuenta de sus alcances más ambiciosos y profundos como propuesta de un buen arte narrativo.
En efecto, si bien en Alejandro Coral encontramos al hombre que obligado por la pobreza y la tentación de salir cuanto antes de ella, incursiona en diversas formas de delincuencia -asaltante, traficante de droga, falsificador-; al mismo tiempo es un personaje a través del cual miramos el mundo; es decir encontramos simbolizada la sociedad peruana de los 80 y 90 del siglo pasado.
Así, nos damos con la imagen de una sociedad en descomposición en que socialmente campean la pobreza, el abuso, la discriminación; donde los poderes públicos son centros de corrupción, coimas y extorsiones; donde no se respetan los derechos humanos; donde la violencia se ejerce desde diversos sectores sociales, en especial desde el estado y sus fuerzas policiales. En suma, una sociedad oscurecida material y moralmente; donde lo diáfano y dulce sólo es el amor de una madre andina.
Evidentemente muchos datos objetivos se cuelan en la ficción: hechos, nombres, lugares, fechas. El referente pareciera ejercer presión con su peso ineludible; lo cual hace que Edgar Cáceres tienda puentes entre la realidad y la ficción sin menoscabar su condición de obra artística. Para ello crea lo que podríamos llamar una voz periodística, la de un reportero que da cuenta mediante una crónica los hechos en torno al autor del llamado robo del siglo.
por la prensa. Sin embargo noveliza exitosamente hechos reales, de tal manera que estos cobran vida propia y hacen olvidar bien pronto la realidad objetiva y el lector se introduce en la novela atraído por la fluidez de la prosa y los acontecimientos hábilmente estructurados.
El narrador periodista se hace patente de diversas maneras. Utiliza los métodos del periodismo para obtener información; ha recurrido a periódicos pasados, a expedientes judiciales, a archivos policiales y principalmente al testimonio del propio personaje protagonista, Alejandro Coral, y al mismo tiempo de otros presos, sean delincuentes o senderistas.
El artificio del narrador periodista permite apuntar hacia dos campos: una visión de la vida delictiva de Alejandro y al mismo tiempo a un mirador de la sociedad peruana; pero no neutral ni de espectador indiferente sino como conciencia crítica y opinante que patentiza su subjetividad en reiteradas ocasiones.
Este mismo hecho hace que desarrolle una forma de lenguaje en que predomina el afán por hacer discurrir la historia en forma dinámica y fluida, mediante frases cortas, donde las acciones están pinceladas mediante trazos rápidos, con economía de la palabra; al igual que sus opiniones cuando interviene la subjetividad del narrador.
Un protagonista que emprende acciones delictivas al margen de la ley, genera obviamente acción policial: búsquedas, persecuciones, huidas, capturas, investigaciones, prisiones. En la intriga algunos misterios quedan flotando; la policía no logra capturar ni detener a algún delincuente, ni recuperar ciertas sumas de dinero robadas. Es cuando técnicamente en reiteradas oportunidades se dosifica en forma adecuada las acciones y el suspenso.
Así, los contornos del libro, su perfil general, nos remiten a la novela policíaca y en particular al subgénero denominado novela negra, ya que como plantea la teoría, configura un cuadro de conflictos humanos y sociales desde un enfoque realista y sociopolítico, más que centrarse en la resolución de un enigma criminal. En tal sentido, Edgar Cáceres inaugura la novela policial en nuestra región y hace un aporte interesante a la narrativa nacional.
En este marco, no surge un detective hábil e incorruptible, sino que la atención está centrada en un antihéroe: Alejandro Coral, el que introducido en el mundo de la delincuencia organiza bandas, planea asaltos, roba, soborna policías; trata de obtener fortuna ilegalmente. El conflicto humano está centrado en el protagonista, un hijo de madre violada por su patrón blanco, un hijo negado y abandonado por el padre. Estos hechos nos remiten a viejos mitos acerca de la condición del hombre peruano y latinoamericano generados en la Conquista: el trauma de la madre violada y el hijo abandonado por el padre. El discurso acerca de este antihéroe entonces lleva el sello del contexto social en que se crea, he allí uno de los mayores méritos del libro.
Alejandro fracasa reiteradas veces pese a sus asaltos exitosos; pasa más tiempo en la cárcel que disfrutando de lo robado. Así, el libro penetra con su hondura en el fracaso humano. Es otra forma de fracaso del hombre, pero en un espacio y un tiempo que pertenecen a una sociedad determinada.Como libro inaugural, ASALTO EN EL CIELO, es la obra narrativa primigenia de Edgar Cáceres, quien ha mantenido aunque sin publicar, una férrea pasión por la literatura; al mismo tiempo abre la novela negra policíaca en nuestro ámbito, pero con personalidad propia e impregnándola del sello de nuestra cultura.
Ricardo Ayllón
Todo arte narrativo que sabe levantar las costras sociales para mostrar aquello que se pudre como un cadáver permanente y consetudinario, asomará siempre en forma de una estética refulgente ante nuestra capacidad crítica.Muerto en Vida es una historia que llega al lector como un grito, como una bofetada que nos avisa de los excesos y derribos a los que se ve sometido el hombre cuando no lleva consigo un escudo moral e ideológico que lo ampare de los desajustes de la vida. desde este punto de vista, Edgar Cáceres Flor nos pone frente a un drama de la cotidianidad local para evitar nuestras conciencias y motivar una reflexión necesaria de la condición humana.
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